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Un joven de la Generación Alfa (2013-2024) ha crecido rodeado de tecnología, con la inteligencia artificial integrada en las aulas y las pantallas presentes en su día a día. Según una encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), dos de cada tres adolescentes reconocen haber sufrido efectos negativos derivados del uso de la red, como dificultades para dormir (64%), cambios en el estado de ánimo (58%), ansiedad (47%), ataques de rabia (46%), aislamiento social (37%) o, incluso, ciberacoso (13%). En respuesta a este entorno de hiperconectividad, marcado por las redes sociales y la sobrecarga de información, está surgiendo un movimiento de desconexión digital, especialmente entre los más jóvenes: los free phone.
Los free phone se caracterizan por reducir el tiempo frente a las pantallas, mejorar la calidad de vida y promover una mejor salud mental. Según el Estudio Generación SPCialsobre hábitos de desconexión digital de los jóvenes españoles, presentado por SPC, más de la mitad de los jóvenes españoles (56,5%) se ha planteado hacer un detox digital, el 75,5% quiere reducir el tiempo que pasa frente a la pantalla, y el 12,7% ha abandonado definitivamente las redes sociales para adoptar un estilo de vida más equilibrado y saludable. Es probable que muchos lectores se reconozcan en esta tendencia, ya que 6 de cada 10 afirman conocer a alguien que se ha sumado.
Más de la mitad de los jóvenes españoles (56,5%) se ha planteado hacer un detox digital
Pero, ¿es posible hacer un detox digital en un mundo tan hiperconectado? La exsecretaria de Políticas Digitales de la Generalitat, Gina Tost, compara esta idea con el concepto de ser vegana. "Es como si fueras tú contra un sistema mucho más grande y potente, que a menudo va en contra de tu bienestar y de tus dinámicas sociales", explica en una conversación con VIA Empresa. Ya lo afirmó también en el artículo Desconectar para conectar: "Este discurso de desconectar para conectar está lleno de hipocresía. Vivimos en una sociedad diseñada para mantenernos conectados todo el tiempo, y nuestra dependencia a menudo no es solo personal, sino estructural. El trabajo, la familia y hasta las actividades lúdicas giran en torno a mantener nuestra atención constante".
¿Conectados por necesidad?
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Según Tost, la importancia del móvil varía mucho con la edad. A los 16 años, es esencial para mantener la vida social, ya que muchos de los canales de socialización de los jóvenes pasan por el entorno digital, y desconectarse puede hacer que los amigos dejen de poder contactar con ellos. Por eso, Tost considera que debería ser un pacto entre amigos más que una decisión individual. En cambio, "a los 30 años, la desconexión es prácticamente imposible, ya que la vida laboral depende completamente del móvil, el ordenador y el correo electrónico, y muchos trámites, como pedir cita médica, solo se pueden hacer telemáticamente", apunta.
En este contexto, Raquel Valero, Executive Search Senior Associate en Hays España, subraya la necesidad de una reeducación en la gestión del tiempo y las agendas. Aconseja que, al igual que programamos las reuniones de trabajo, también deberíamos programar los momentos de desconexión, para evitar que la dependencia digital afecte nuestra capacidad de descansar y gestionar el tiempo de manera eficiente.
A pesar de que el 75,5% de estos jóvenes han pensado en reducir el uso del móvil, solo un 14,3% ha conseguido hacerlo de manera permanente
Esta problemática se ve reflejada en el estudio mencionado anteriormente, que revela que los jóvenes de 18 a 35 años utilizan sus teléfonos una media de cinco horas al día para diversas actividades, como consultar redes sociales, hablar con familiares o amigos, hacer llamadas, videollamadas o trabajar. A pesar de que el 75,5% de estos jóvenes han pensado en reducir el uso del móvil, solo un 14,3% ha conseguido hacerlo de manera permanente.
De hecho, existe una fobia diagnosticada por esta síndrome: la nomofobia, un término creado en 2009 en el Reino Unido que proviene del anglicismo nomophobia (no-mobile-phone-phobia), que hace referencia al miedo irracional de quedarse sin teléfono móvil. Según los últimos datos recogidos por el estudio de Bienestar Digital de ING, el 70% de las personas en España sufren nomofobia. Incluso ya hay un centro en Barcelona, el Institut Psicològic Desconect@, que se dedica a rehabilitar jóvenes con trastornos relacionados con las nuevas tecnologías.
Del ‘smartphone’ al ‘dumbphone’
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Como curiosidad, una moda bastante interesante que ha surgido de la necesidad de desconectar digitalmente es la de los dumbphones, o teléfonos "tontos", que son dispositivos menos inteligentes. Según el estudio de SPC, un 12,2% de la población ha decidido sustituir su smartphone por un teléfono sin internet, y un 19,5% conoce a alguien que lo ha hecho. Los dumbphones se presentan como una alternativa consciente a los smartphones, con el objetivo de restaurar el equilibrio digital y fomentar un uso más saludable de las pantallas. Son dispositivos con poca memoria RAM y almacenamiento, creados para hacer llamadas, enviar SMS y navegar mínimamente por internet.
De esta tendencia nacen iniciativas como Balance Phone, una start-up catalana que, en colaboración con Samsung, ha creado un teléfono móvil diseñado para eliminar contenidos adictivos, dirigido especialmente a niños y adolescentes. En este contexto, Tost comenta: "Es una idea muy bonita, pero el sistema en que vivimos puede aceptarlo solo en casos muy puntuales o durante un período breve, no como una tendencia global generalizada". Su conclusión final es clara y para tener en cuenta: "Al final, el sistema continuará igual hasta que alguien no dé un golpe sobre la mesa".