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Rheinmetall, la salida a la luz de un gigante muy desconocido

En los últimos meses, las acciones de Rheinmetall se han disparado: si en noviembre de 2024 los títulos cotizaban a 468 euros, hoy lo hacen alrededor de 1.350 euros

Fábrica de Rheinmetall en Hungría | rheinmetall.com
Fábrica de Rheinmetall en Hungría | rheinmetall.com
04 de Abril de 2025
Act. 04 de Abril de 2025

La extraña coyuntura mundial, donde los líderes de la Unión Europea (UE) parecen muy interesados en que surja un eventual escenario bélico dentro del continente, ha permitido que se produzcan giros argumentales sorprendentes, como aquel en virtud del cual los ciudadanos catalanes han pasado de tramitar el kit digital a comenzar a buscar en Amazon un kit de supervivencia. Pero sobre todo, esta voracidad belicista ha permitido que los titulares de los medios hayan puesto de relieve una empresa que hace muchos años que existe, pero que no formaba parte del corpus de conocimiento del ciudadano medio. Estamos hablando de Rheinmetall, el colosal fabricante de armas alemán que sería uno de los principales beneficiarios de los 800.000 millones de euros que los políticos de la UE tienen previsto invertir en gasto militar.

 

De entrada, Rheinmetall ha visto cómo el valor de sus acciones se disparaba en la bolsa en los últimos meses: si en noviembre del año pasado los títulos cotizaban a 468 euros, hoy lo hacen alrededor de 1.350 euros, es decir, han multiplicado su valor por casi tres veces (en términos porcentuales, un aumento del 190%).

La empresa en cuestión nació en 1889 como Rheinische Metallwaaren- und Maschinenfabrik Aktiengesellschaft (es decir, Sociedad Anónima del Rin de Fabricación de Productos Metálicos y Maquinaria) y tenía como objetivo producir munición para el Imperio Alemán. Las primeras décadas de la compañía fueron de un fuerte crecimiento gracias a las innovaciones técnicas y a la absorción de otras empresas del sector. Con la Primera Guerra Mundial, pudieron poner a prueba todo su material, convirtiéndose ya en uno de los principales fabricantes europeos del sector (cuando terminó el conflicto, daban empleo ni más ni menos que a unas 48.000 personas). Las restricciones del Tratado de Versalles les afectaron de lleno, y se vieron obligados a diversificarse fuera del segmento bélico y a prescindir de la mayoría de trabajadores. Hasta el final de la prohibición de fabricar armas, viraron hacia el mundo ferroviario (iniciaron la producción de locomotoras y de vagones de mercancías) y hacia la agricultura (sobre todo máquinas para labrar la tierra con motor de vapor).

 

En 1925, Rheinmetall pasó a titularidad pública y acabaría convirtiéndose en una pieza clave del rearme germánico durante la época nazi y la Segunda Guerra Mundial.

En 1921 se abrió una brecha, y la principal factoría de la empresa pudo volver a la fabricación de armas, pero con dos limitaciones: debían ser series muy limitadas y el control debía estar en manos de las potencias aliadas ganadoras de la guerra. En 1925 la empresa pasó a titularidad pública y acabaría convirtiéndose en una pieza clave del rearme germánico durante la época nazi y la Segunda Guerra Mundial.

Después de la derrota alemana en la guerra, en 1945, los vencedores volvieron a aplicar medidas restrictivas a la fabricación de armamento por parte de Rheinmetall, como ya habían hecho a consecuencia del Tratado de Versalles de 1919. Pero en este caso, la consideración de la URSS como una amenaza militar empujó a los aliados a abrir la mano de manera que el fabricante alemán pudo volver a su actividad tradicional ya en la década de los cincuenta. Por cierto, en la Alemania del Este tenían la sede algunas empresas que provenían de Rheinmetall, pero en general se dedicaron a la producción de material de carácter civil, como motores de motocicleta, cámaras fotográficas y, hasta, algunos ordenadores primigenios.

Ya plenamente activa, en 1956 la compañía fue adquirida por el Röchling Group, que sustituyó a la República Federal en el accionariado, en una operación ideada por el canciller del momento, Konrad Adenauer. El nuevo propietario era una empresa fundada en 1822 y que inicialmente se dedicaba al carbón y al acero, para pasar más tarde a poner un pie en la banca, las finanzas y el sector inmobiliario. Las décadas siguientes fueron de gran crecimiento para la compañía, que ha llegado hasta nuestros días como el cuarto grupo europeo del sector de defensa, detrás del consorcio Airbus, de la francesa Thales y de la británica BAE Systems.

Las ventas de Rheinmetall se disparan hasta los 9.750 millones de euros, con un resultado operativo de unos 1.500 millones. Casi un 30% del capital está en manos de accionistas institucionales de carácter financiero.

En este momento, el máximo ejecutivo de Rheinmetall es Armin Papperger (1963), un ingeniero que ocupa el cargo desde el primero de enero de 2013 y que trabaja en la empresa desde hace treinta y cinco años. Las ventas de la compañía se disparan hasta los 9.750 millones de euros, con un resultado operativo de unos 1.500 millones. Casi un 30% del capital está en manos de accionistas institucionales de carácter financiero, que son los sospechosos habituales, es decir, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Société Générale, BlackRock, Bank of America y UBS.

El mencionado Papperger ha visto cómo ha pasado a ser la estrella de la industria europea en esta época que los medios ya han bautizado como “era del rearme”, después de una larga travesía en el desierto donde han predominado las ideas pacifistas y donde el lobby del armamento era visto como algo indeseable. Por cierto, el mes de enero pasado se confirmó oficialmente que un año antes se había descubierto una trama para poner fin a la vida de algunos líderes del sector, donde el principal objetivo era precisamente Papperger. Según las informaciones que ha ido proporcionando la OTAN, detrás del complot estaba Rusia, que se suponía que quería dificultar el acceso de Ucrania al material militar que le proporcionan los aliados europeos.