Hay un dicho del mundo de los negocios anglosajón que siempre me ha parecido muy acertado: turnover is vanity, profit is sanity, cash is king (la facturación es vanidad, el beneficio es sensatez, el efectivo es el rey). Aplicada a cualquier empresa de aquí, seguro que todos pensamos: ¡cuánta razón!
Si tienes como horizonte el corto plazo y, por lo tanto, la supervivencia y la mejora incremental de tu compañía, esta máxima funciona, y bien. Si solo te centras en las ventas, crecerás con pies de barro; si solo incides en el margen sin convertirlo en un activo líquido, también irás cojeando.
"Cada día por la mañana, cuando llegues, abre el cajón de la caja; si hay, tranquilo, trabaja para que al final de la jornada haya más; si no hay, empieza a pensar en cerrar". Esta fue la enseñanza de uno de mis referentes empresariales y, sin duda, la liquidez que genera tu negocio, que sale de lo que ingresas cada día y del margen que generas, es un indicador clave para asegurar que la empresa funciona y sobrevivirá a corto plazo. Cash is king
"La liquidez que genera tu negocio, que sale de lo que ingresas cada día y del margen que generas, es un indicador clave para asegurar que la empresa funciona y sobrevivirá a corto plazo"
Si, en cambio, nos fijamos en por qué generamos esta liquidez, seguramente llegaremos a las razones que nos hacen confiar en continuar generando este cash o en mejorarlo a medio y largo plazo. Cuando lo hacemos, pensamos en el valor que aportamos a nuestros clientes, en el margen que ellos pueden generar gracias a su colaboración con nosotros, lo que hará que nos sigan comprando y continúen generándonos este margen, este dinero a nosotros.
¿Cómo mejoramos el valor que aportamos a nuestros clientes? Podemos hacerlo vendiéndoles los mismos productos que teníamos a un mejor precio, mejorando nuestros costos, con eficiencia de procesos o presentándoles nuevos productos o servicios mejores que superen sus necesidades y expectativas o, incluso, generen de nuevas y abran nuevos mercados. Conseguir esto tiene un nombre: innovar.
Hasta aquí podríamos estar todos de acuerdo, pero seguro que inmediatamente pensaremos en cómo financiamos la innovación. Porque la innovación tiene riesgo, a veces sale bien y a veces no, ¿verdad?
En Catalunya y en el sur de Europa, en general, invertimos menos en innovación o en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) que nuestros vecinos del norte. En Baden Würrtemberg o en el sur de Suecia invierten más del doble que nosotros (en Catalunya un 1,7% del PIB, allá por encima del 3%). Por otra parte, comprobamos a menudo que los países que más invierten en I+D+i generan más empleo de calidad y, en general, son más prósperos que aquellos que lo hacen con menos intensidad, como nosotros.
También sabemos que los intentos que se han hecho hasta ahora desde el ámbito público para mejorar la inversión en I+D+i han sido bienintencionados, pero cuando analizamos su impacto y preguntamos a las empresas qué piensan, la respuesta es: son ayudas insuficientes y demasiado complicadas. Desafortunadamente, esta opinión no ha cambiado después de ver los resultados de la última gran iniciativa para mejorar nuestra competitividad: los fondos Next Generation Europe. En varios foros empresariales he oído que se referían a ellos como los fondos que generaron expectativa e ilusión (cuando todos hacíamos manifiestos de interés y generábamos ambiciosos proyectos de futuro) para convertir esta esperanza en decepción y desconcierto.
"En Catalunya y en el sur de Europa, en general, invertimos menos en innovación o en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) que nuestros vecinos del norte
Dicho esto, si esperamos que haya subvenciones para llevar adelante nuestros proyectos de innovación, es que no son lo suficientemente importantes para nosotros. La clave de las inversiones es su retorno. Con los proyectos de innovación pasa lo mismo, al Return On Investment (ROI) añadamos la i de innovación y tendremos el indicador clave: el ROII Return on Innovation Investment. Si somos capaces de definir este ROII y poner metas y números a las ideas innovadoras que nos ilusionan, seguro que lograremos, por un lado, aprender por qué algunos proyectos funcionan y otros no y, por otro, tener retorno positivo, ROII positivo, en cada vez más proyectos de los que nos planteamos.
Si somos capaces de estructurar nuestros proyectos de innovación, priorizarlos y tener claro su ROII potencial y valorar el ROII final en sus diferentes etapas, no necesitaremos esperar las subvenciones, sino que serán un instrumento para reducir el riesgo, mejorar el ROII y acelerar la decisión. Si hacemos esto, la inversión en innovación de nuestras empresas crecerá, la del país también y, por lo tanto, nos pareceremos más a Austria o a la región de Ámsterdam, territorios basados en la industria de alto valor añadido y en la innovación, y no tanto a Florida, que explota con éxito el turismo, el inmobiliario y la formación universitaria, pero con poca presencia de universidades de alta calidad y ninguna de la Ivy League o de las referentes en tecnología. Es cuestión de valorarlo y elegir.
En Europa, para reducir el riesgo de la innovación y mejorar la transferencia del conocimiento de nuestras universidades y centros de investigación a las empresas, hace años se crearon los centros tecnológicos. Como en Catalunya, Eurecat. Estos centros tenemos conocimiento para aportar tecnología diferencial a las empresas y ayudarles a innovar y también en determinar por qué se generan ROII positivos y por qué no. En Alemania, con la red de centros tecnológicos Fraunhofer y otros, o en los Países Bajos, con TNO, el sistema ha funcionado y se ayuda a cada vez más empresas a innovar de manera diferencial, hay más inversión en I+D+i y su impacto es evidente en la prosperidad de dichas regiones. En nuestra casa, Eurecat en 10 años de vida ha triplicado las empresas con las que hacemos proyectos de innovación y ha más que duplicado sus ingresos. Vamos bien, pero estamos lejos aún de los referentes mencionados.
En Eurecat sabemos qué significa el ROII y cómo mejorarlo y estamos dispuestos a compartirlo, y podemos continuar creciendo, bien alineados con las prioridades del país, haciendo realidad las virtudes de la colaboración público-privada. Lo haremos, pero lo haríamos aún más, si nuestros centros de investigación y universidades pudieran invertir más tiempo y talento en transferir y compartir proyectos con Eurecat y se ayudará más a las empresas a mejorar su ROII. Se trata de convertir esta cadena de valor de la innovación en un círculo virtuoso dentro de un ecosistema estable e interconectado.
Si somos capaces de asegurar el corto y pensar en el largo plazo y lo hacemos colaborando con entidades como los centros tecnológicos, mejoraremos el ROII y habrá más inversión en I+D+i y más prosperidad a largo plazo para nuestras empresas y para nuestra sociedad. Ciertamente, hay otras variables a tener en cuenta, como la alineación de la formación y la generación de talento con estos principios y también otros efectos positivos, si lo conseguimos. Pienso en la retención, el desarrollo y la atracción de talento innovador. De momento, sin embargo, espero que compartáis conmigo una conclusión: a corto plazo el efectivo es el rey, pero a largo la innovación es la reina.