Como he comentado en otros artículos, en Catalunya nos entretenemos con determinados temas que ahora aparecen, ahora desaparecen... para volver a aparecer al cabo de un tiempo. Y así, de forma recurrente, vamos pasando el rato. ¿Ejemplos? El famoso Corredor Mediterráneo, el alargamiento de la célebre pista del aeropuerto de Barcelona, la conversión del aeropuerto en un hub, la eterna discusión sobre el famoso oxímoron “turismo de calidad”, los peajes de las autopistas... Es decir, toda una serie de temas sobre los cuales, sin darles nunca solución -porque, probablemente, no la tienen- nos impulsan a practicar uno de nuestros vicios más mediterráneos y ligeros: la palabrería.
Esta semana pasada, sin embargo, como una especie de mascletada retrasada, los medios nos han obsequiado con la reaparición de tres de los temas de estética “¡ya estoy aquí!” que he listado antes: el alargamiento de la famosa pista, el tema del hub aeroportuario y el inevitable y sagrado turismo nacional. De la primera y segunda “reaparición” se ha encargado el señor Lucena, hecho perfectamente lógico, ya que el PSOE le ha asignado la estricta tarea de gastar dinero de AENA en obra pública. No hay nada que decir, por tanto, sobre los motivos. Del tema turístico, sin embargo, se ha ocupado el señor Valentín Pich, quien ha hecho una defensa acérrima en el diario de los Godó. Aquí entramos en un terreno más ignoto. Desconozco qué intereses mueve el señor Pich al defender un modelo que la mayoría de los economistas catalanes ponen en duda -sobre todo llama la atención siempre que se manifiesta como representante de los economistas-.
Pero bien, yo quería hoy insistir, otra vez, en la recurrencia informativa que genera el hub aeroportuario barcelonés. Y quería hacerlo anunciando una exclusiva mundial, que es muy vieja, y que se ha visto confirmada largamente, pero que algunos individuos pretenden ignorar. Atención, tomen nota, por favor: El aeropuerto de Barcelona no es, ni nunca será, un hub aeroportuario. Pediría que las fuerzas vivas barcelonesas (más bien fuerzas muertas barcelonesas) y los informadores ad latere (más bien periodistas pasquineros de medios del régimen) que diversificaran y buscaran un tema de distracción más renovado, menos manido. La desidia y aburrimiento que todos sentimos por el tema del hub aeroportuario están muy vivos.
Por si no están informados, o no desean hacer trabajar las neuronas, quisiera recordar a la “Club Hub”, algunos datos e informaciones. La primera es que un hub no se crea por deseo de alguien al que le han entrado ganas de hacerse el cosmopolita. En los años 1950 y hasta 1990, en Europa se consolidaron lo que se conocía como “compañías aéreas de bandera”. Eran tiempos de gran desarrollo económico, de inicios del turismo, de avances aeronáuticos, de azafatas atractivas, y de unos gobiernos que, si querían ser reconocidos internacionalmente, debían tener una compañía aérea que hiciera de embajadora -aunque fuera perdiendo millones a raudales-. Todo esto, con la liberalización del espacio aéreo europeo de los 90, fue a la baja en favor de la privatización de estas compañías de bandera y la irrupción de las compañías low cost.
Estas compañías de bandera se habían establecido en la capital de cada país: Air France en París, KLM en Ámsterdam, British Airways en Londres, Iberia en Madrid, TAP en Lisboa, Alitalia en Roma, Lufthansa en Frankfurt (porque la auténtica capital, Berlín, estaba deslocalizada por el comunismo), etc. Y allí tenían, y tienen, los talleres principales que mantienen una logística importante con los fabricantes: Boeing y Airbus. Sin embargo, atención, estos talleres también se utilizaban -de hecho, se usan- para dar servicios técnicos a otras compañías que están de paso por el aeropuerto. Y es así que las principales rutas aéreas se establecieron entre las capitales de estado europeas.
Algunas de estas capitales europeas estaban bien posicionadas geográficamente para hacer el salto continental hacia el oeste. Por ejemplo, Londres con Estados Unidos, París con Estados Unidos y el Caribe, Madrid con Latinoamérica, Lisboa con Brasil (no es un continente, pero es el país más grande de Latinoamérica). Otros, o estos mismos aeropuertos, estaban bien posicionados para mirar, también, hacia el este: Londres con los países de la Commonwealth, París con las antiguas posesiones e intereses en Oriente Lejano y en el Pacífico, Ámsterdam con Oriente donde siempre ha tenido intereses, etc. Madrid no participó en las conexiones orientales por motivos obvios: ningún interés comercial allí (el tratado de Tordesillas ha tenido consecuencias).
En resumen: la creación de los hubs internacionales no son fruto del interés espontáneo de ningún esnob barcelonés que, de repente, se despierta y, fruto del aburrimiento o de la simple tontería, dice: “¡Podríamos ser un hub!”. No, señores. Todo proviene de las consecuencias de hechos perfectamente históricos. Este debate de pacotilla está provocado por los mismos de siempre: los que quieren gastar dinero en el aeropuerto innecesariamente, en combinación con los que han decidido que no tenemos suficiente turismo de chancla y que hace falta más volumen para continuar proveyendo “paellas” infectas en la Rambla. Y todo con el objetivo de convertir Barcelona en una especie de Río de Janeiro de Europa.
"Este debate de pacotilla es provocado por los mismos de siempre: los que quieren gastar dinero en el aeropuerto innecesariamente, en combinación con los que han decidido que no tenemos suficiente turismo de chancla"
A todos estos, que pretenden continuamente clavar el clavo por la cabeza comparándonos, de paso, con Madrid, les diré dos cosas. Primera: ser el primero de España es como ser el primero de Murcia. Segunda: Milán nunca ha deseado compararse con Roma, ni ser la primera de Italia -porque es la primera de Europa y del mundo en otros temas- ni, mucho menos, pretender ser un hub. ¿Por qué no es importante para ellos todo esto? Pues porque saben que lo que importa es la economía productiva -que incluye, entre muchas otras cosas, que los aviones viajen con la panza llena-. Miren, si no, las cifras.
Y les dejo con dos ejemplificaciones: ¿pasajeros (¿turismo?) o carga (¿negocios?)? Y una conclusión: no parece que para tener una renta per cápita que es un 129% de la catalana, en Milán se planteen el reguero de tonterías con las que determinados barceloneses dan la tabarra cada día.