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¿Cuál es el proyecto digital de Catalunya?

31 de Marzo de 2025
Act. 31 de Marzo de 2025
Gina Tost | VIA Empresa

Desde hace años escucho la misma canción: “Catalunya tiene mucho talento”, “somos un hub tecnológico”, “somos referentes en el sur de Europa”. A los catalanes, incluso cuando somos humildes, nos encanta decir que tenemos “el potencial para ser un Silicon Valley europeo”. No decimos ninguna mentira, pero nos estamos poniendo una medalla mientras aún estamos corriendo la carrera. ¿Una carrera contra quién? Contra nosotros mismos, porque mientras vamos haciendo notas de prensa y repitiendo estas frases a la mínima ocasión, la realidad es que al talento le sale a cuenta marcharse a trabajar al extranjero y pocas veces vuelve.

 

No es un problema de falta de ambición ni de capacidad. En Catalunya tenemos uno de los mejores sistemas universitarios de investigación del sur de Europa. Tenemos centros de investigación punteros como el Barcelona Supercomputing Center (BSC) o el Institut de Ciències Fotòniques (ICFO) con los mejores profesionales de todos los rincones del planeta, empresas locales pioneras en sectores clave como la IA o la cuántica, y, sobre todo, una generación de talento joven que sería la envidia de otras regiones. La prueba es que se lo llevan.

Porque, ¿qué encuentra este talento cuando acaba los estudios? Un mercado laboral inestable, a veces precario, donde el sueldo de junior es de 20.000 euros al año, mientras que en Berlín o Ámsterdam le ofrecen más del doble, y, de paso, acceso a proyectos punteros que les resultan más atractivos. Y para los emprendedores pasa un poco lo mismo, pero en el ámbito de disponibilidad de inversión.

 

“La gente preparada debe poder marcharse si quiere, pero también volver cuando quiera”

No quiero sonar reduccionista, porque la verdad es que es un problema mucho más grande que engloba temas digitales, físicos o fiscales. Y siempre lo he dicho: la gente preparada debe poder marcharse si quiere, pero también volver cuando quiera. Básicamente: démosles campo para correr en Catalunya cuando aún tienen ganas.

Y este campo para correr se encuentra en el entorno, donde realmente deberíamos ser más valientes. Si yo quisiera hacer crecer el tejido productivo digital apostaría por infraestructuras estratégicas que hagan posible que el ecosistema crezca, retenga el talento y atraiga proyectos con cara y ojos a cambio de ofrecer aquello que muchas regiones no pueden ofrecer, a pesar de tener todo el dinero del mundo.

Cuando hablo de infraestructuras no me refiero solo a construir edificios de coworking para hacer fotos en la inauguración. Hablo de herramientas reales, accesibles, que se puedan construir mediante colaboraciones público-privadas. Infraestructuras pensadas para dar apoyo a proyectos que nacen fuera del circuito habitual o que buscan un lugar donde experimentar. Hablo de cámaras de vacío, túneles de viento, salas blancas, pero también ordenadores cuánticos capaces de estar disponibles para aquellos que quieran despertar vocaciones científicas, y para proyectos que necesitan probar sus productos en entornos exigentes antes de salir al mercado o conseguir financiación. Si en un futuro el trabajo lo han de hacer las máquinas, más vale que hagan bien el trabajo con una infraestructura sólida. Y que esta no solo la tengan las empresas privadas, sino que también esté al alcance de la gente que tiene ideas y talento. Como una biblioteca pública de experimentación, abierta y democrática. Inversiones que sean la base de una apuesta estratégica por los sectores que han de liderar la economía digital en los próximos años, tejiendo todo el territorio catalán (y no solo el AMB).

“Cuando viene una gran empresa internacional y nos abre un pequeño centro de operaciones, hacemos fiestas. Es una solución a corto plazo para tapar un problema estructural: no tenemos proyecto”

El motivo por el cual no avanzamos es claro: las infraestructuras no son sexis. No son proyectos inmediatos, ni dan votos para las próximas elecciones. Pero son la base de cualquier economía digital con cara y ojos que busque añadir valor a su tejido empresarial. Sin infraestructuras conectadas entre sí y con el tejido productivo, seguiremos siendo un lugar de paso donde formarse, operarse y retirarse.

Y lo peor es que nos autoengañamos. Cuando viene una gran empresa internacional y nos abre un pequeño centro de operaciones, hacemos fiestas. Pero eso no es soberanía digital, ni economía sostenible. Es una solución a corto plazo para tapar un problema estructural: no tenemos proyecto.

No seré yo la que explique cuáles son las infraestructuras que Catalunya necesita, porque quien lo ha de pensar es el mismo ecosistema. Y a partir de aquí, un comité de expertos que representen startups, centros de investigación, gobierno e industria. Deben hacer una tarea de comisariado para identificar las necesidades reales y los hitos alcanzables para Catalunya, y sería bueno priorizar inversiones según disponibilidad presupuestaria, tanto pública como privada, y de interés estratégico, y apostar por los sectores donde podemos tener una ventaja competitiva real. No todo vale.

Si hacemos un resumen de la situación sería el siguiente: tenemos talento, tenemos ecosistema, y tenemos sectores estratégicos con potencial real. Nos falta poner la base y el proyecto. Si invertimos en estas infraestructuras ahora, de aquí a cinco años podríamos atraer proyectos e inversión para ser un referente europeo en economía digital. Si no lo hacemos, seguiremos siendo los de siempre: un lugar donde el talento se forma, pero no se queda.

Catalunya tiene todas las piezas, y si no encontramos el manual de instrucciones, inventémoslo nosotros. Porque si seguimos esperando que alguien nos resuelva la ecuación, el talento ya habrá encontrado la solución... pero en otro lado.