El gobierno de España vuelve a proyectar optimismo en la economía, el mismo que afianzarse en la transparencia del paisaje en un día de niebla. Aquello de "España va bien" ahora no es cierto, a pesar de que hay luces y los senders proyectan el camino de la salida. El problema es cuando, y, todavía más, cómo.
No exagera el ministro De Guindos al asegurar que nuestro crecimiento este año tendrá una alta calificación: entre un 2,6% rozando el 3%. Salimos del pozo y esto es una verdad cuantitativa, de ninguna forma cualitativa; los cuatro millones de parados y un 60% entre 55 y 65 años no animan a soñar demasiadas fantasías. Pero, en una barrida de la niebla, los síntomasestán, y se pueden seguir los efectos de una manera consecuente a partir de una mejora de los índices de producción industrial constatables, de una reanimación perceptible al sector inmobiliario y de la construcción, y, en particular, un sostenido crecimiento a la economía de servicios gracias a un turismo pletòric.
En esta radiografía, el Gobierno coincide, juntamente, con CEOE y los servicios de estudios de los bancos: preconizan una perspectiva de crecimiento del PIB alrededor del 2,6%. Aún así, la economía no florece tan sólo por causas endògenes; hay otros factores exógenos que pueden perturbar las expectativas, y no todos serían controlables ni susceptibles de manipulación.
El primero y más importante, el maldito calendario de elecciones enganchadas como olas en días de tormenta. Donde se ha escondido la cordura para arbitrar una carrera de cuatro procesos electorales consecutivos, y un quinto, en el supuesto de que Rajoy convoque las generales con objeto de año? Democracia si, esto, pero, es un exceso de gesticulación democrática. Algunosdicen "postureo", algo pareciendo a una neurastènica carrera, donde no sabemos hacia donde, de Artur Mas y sus caballeros de la mesa redonda. El 27 de septiembre, para cargar más el tintero y desactivar todavía más las inversiones en perspectiva?
Nuestros políticos han perdido el sentido de la prudencia, una gran riqueza por los gobernantes que no acostumbran a tener las mentes juveniles, ni los cerebros neurastènics. Ser fuerte, cabido, llevar, exigente... y no matizarlo con la prudencia equivale a la extrema conclusión del riesgo, cómo ha hechoelAndreas Lubitz cuando pilotaba el avión encima los Alpes. En determinadas ocasiones, no aconsejaría ni siquiera pulsar el acelerador, ni mucho menos practicar el autismo. Y demasiado de todo esto se está dando en estos momentos. Hojas de ruta a 18 meses ver, cuando no disponen de la ensambladura dentro de un marco jurídico general, que previamente tendría que ser modificado, tiene una cierta relación con el radicalismo del Estado Islámico, que desafía al universo mundial.
Otras razones para dudar de la perspectiva económica serien el actual panorama de inseguridad que nos ofrece Europa, Rusia y el mundo islámico. Si por un lado beneficia a nuestro turismo, en deslocalitzar objetivos de los viajeros, particularmente en el Mediterráneo, por la otra, ser receptores de turistas no impide que, a la hora, seamos víctimas del exceso nihilista que sufren las mentes neurastèniques del radicalismo musulmán en pleno paroxismo fundamentalista. El jihadisme es una amenaza real en Europa -y en España, objetivo de conquista atraída por la mitología de A el-Andalus- especialmente. Cataluña ha gestionado una deficiente política de implantación de la inmigración islámica, absolutamente refractaría a su integración cultural y social. Las derivadas son fácilmente deducibles.
Una perspectiva como esta, señalada por todos los organismos de Inteligencia de cierta consideración, polariza, sin duda, los temores incrementando los inconvenientes de cara a las inversiones. Decir otra cosa es, sencillamente, mentir, una aptitud que no está a mi naturaleza; del mismo modo que me siento más atraído por la profecía que por el silencio. Y aquí son demasiado quienes callan cobardemente. Es bien cierto que no es despreciable el destino de los profetas: el silencio eterno de la ira de quienes se ven desnudados y a cuerpo descubierto. Nada baladí en tiempo de tormenta.