"No se puede regular basándose en el uso, una tecnología que es de uso general", ha sentenciado Aleix Valls este diciembre en el Tech Spirit Barcelona, el evento de referencia para la comunidad tecnológica local con visión y ambición internacional. Y a continuación añade que “Europa ha regulado de manera demasiado prematura, sin un enfoque claro y con muchos apriorismos”. Genis Roca, por contra, mostraba esta polaridad de opiniones indicando “hay quien dice que los Estados Unidos innovan y Europa regula. Estoy absolutamente a favor de la normativa, porque alguien lo tiene que hacer”.
Europa se encuentra en un momento clave; decidir cuál debe ser nuestro rol en la era de la inteligencia artificial. En un momento en que los Estados Unidos y China aceleran claramente su inversión tecnológica, Europa debe decidir si quiere liderar esta transformación global defendiendo sus valores o quedarse atrás ante el miedo de los riesgos.
"La colaboración con reguladores, universidades y gobiernos será clave para construir un ecosistema sólido que favorezca la innovación y, al mismo tiempo, respete los valores europeos"
Para las organizaciones empresariales, el camino a seguir exige una actitud proactiva del sector privado. La colaboración con reguladores, universidades y gobiernos será clave para construir un ecosistema sólido que favorezca la innovación y, al mismo tiempo, respete los valores europeos. Adoptando un enfoque dual que combine competitividad y responsabilidad, las empresas europeas deben poder demostrar que es posible prosperar en un entorno regulado, estableciendo un ejemplo global de cómo equilibrar el progreso con el compromiso ético.
No obstante, en los últimos años el foco se ha puesto exclusivamente en la regulación, pero lo cierto es que nuestra competitividad no viene condicionada únicamente por la regulación en IA. Necesitamos una apuesta por un mercado único, que facilite el crecimiento de las empresas sin tener que lidiar con múltiples normativas diferentes en función del Estado al que te dirijas. También necesitamos hacer de Europa un territorio atractivo para invertir y donde las empresas puedan tener éxito. En definitiva, las empresas europeas deben poder nacer, crecer y consolidarse en nuestra casa.
Para alcanzar este objetivo, hay que evitar la parálisis por análisis y fomentar un progreso basado, ahora más que nunca, en el diálogo público-privado. Las normativas actuales definen las reglas del juego, pero las nuevas regulaciones deben estar alineadas con los avances tecnológicos. Solo mediante la colaboración entre gobiernos, empresas, centros de investigación, universidades y sindicatos será posible construir un futuro competitivo y responsable y, al mismo tiempo, contar con una Europa capaz de competir con otras potencias mundiales. Esta perspectiva multidisciplinaria es la que nos permitirá decidir qué queremos ser de grandes.
"Las empresas europeas deben poder nacer, crecer y consolidarse en nuestra casa"
De forma paralela, las empresas necesitan seguridad jurídica para garantizar que sus acciones se ajustan a los requerimientos del regulador. Comienza una nueva etapa donde tecnólogos y abogados se convertirán en auténticos aliados estratégicos.
Mirando al futuro
Europa no debe limitarse a sobrevivir ante la IA; sino que debe aspirar a encontrar su espacio con visión estratégica y pensando a largo plazo. Pero el camino no está exento de críticas. Algunas voces autorizadas argumentan que la regulación europea frena la capacidad de innovar. De hecho, algunos afirman que Europa regula aquello que no ha sido capaz de crear. Esta tensión pone de manifiesto la dificultad de encontrar un equilibrio entre aquellos que temen los posibles errores de la IA y los que consideran que el control excesivo limita el progreso.
La IA genera sentimientos contrapuestos: oportunidad y temor o, dicho de otra manera, las ganas y la prudencia. Por un lado, ofrece la posibilidad de ser más competitivos gracias a una tecnología que evoluciona rápidamente. Por el otro, existe la preocupación de que, en algún momento, esta se vuelva indomable. Este dilema refleja un sentimiento muy europeo: ganas de progresar combinadas con prudencia. ¿Por qué no aprovechamos este momento para debatir todas las cuestiones, tanto las que pueden mejorar la competitividad como las que queremos proteger como sociedad?
"Este dilema refleja un sentimiento muy europeo: ganas de progresar combinadas con prudencia"
Lo que no genera ninguna duda es que el sector, las empresas, que adopten rápidamente la inteligencia artificial tendrán una ventaja competitiva frente al resto. Aquellos que sean capaces de crear casos de uso que generen valor real serán los que fuercen al resto a testear con el potencial que esta tecnología ofrece. Un sector donde ya se percibe claramente el potencial de la IA es el de la salud. Con mejoras en la prevención, el diagnóstico precoz y la medicina personalizada, la IA puede ofrecer beneficios inmensos para abordar los grandes retos de la década que viene. No podemos permitirnos dejar escapar esta oportunidad.
Finalmente, hay que insistir en la importancia de la regulación. La normativa actual proporciona un marco inicial que deberá complementarse con reglas futuras. Solo con la implicación activa del sector empresarial y una visión a largo plazo podremos ser determinantes en esta nueva etapa. Del informe Draghi y el de Enrico Letta se desprende esta urgencia de pasar a la acción. Dicho de otra manera, de ambos textos se sobreentiende que “la inacción lleva a la decadencia” hecho que implica que sin una acción coordinada y conjunta para abordar los retos necesarios y las políticas adecuadas Europa se arriesga a perder su competitividad global.
Cada vez más empresas ven en la IA una oportunidad para ahorrar costos y mejorar la eficiencia. Así que, quizás, ha llegado el momento de dejar de mirar atrás y concentrarnos en avanzar hacia el futuro. Siendo propositivos. Siendo decisivos. Formando parte de este futuro que ya es presente. ¿Estamos a tiempo? La respuesta debería ser sí.