Una perspectiva salarial en positivo

07 de Marzo de 2015
No todos los factores se manifiestan en la misma dirección, pero una cosa es cierta: nadie discrepa en Europa que España avanza en la buena dirección. Sé que el ruido de la política interior con los partidos en rifirrafes y un exceso de escándalos de la corrupción imperante –una metástasis exacerbada-, la codicia por el poder de los neopopulismes mentirosos coma Podemos y adlàters, ahogan las noticias positivas, pero todavía insuficientes de la mejora de nuestro PIB y del horizonte económico.

Si, por un lado, Bloomberg a su balance de las 15 más miserables economías del mundo, recientemente publicado, sitúa en España en el sexto lugar entre los peores (encabezado por la Venezuela delirante y surrealista de Maduro, y cercado por Indonesia), no es menos cierto que en este cómputo obtiene un peso exagerado el número de parados, que ni me lo creo, ni lo admito como referencia social (estaríamos en plena revolución, si así fuera) dado que no menos de dos millones deben de estar amparados por la economía sumergida (un 25% del total de nuestra actividad económica, aproximadamente).

La realidad, pero, es que crecemos como ninguno otro país de Europa, treient Alemania. La perspectiva estimada del 2,7% del PIB el 2015 ya la tenemos al horizonte; y el dato de los casi 100.000 nueces grabados a la Seguridad Social en febrero –sin precedentes desde hace 14 años- es toda una evidencia. Por lo tanto, algo está cambiante...

Los sindicatos están negociando con CEOE una subida salarial del 1,5% por 2015, la CEOE, pero seniega porque, entre otras razones, se empezaría una espiral de incrementos de costes que las empresas todavía no pueden aceptar universalmente. La razón es muy sencilla: la gran mayoría de las empresas españolas son pymes, y esas, en el supuesto de haberse salvado después de la crisis, todavía no llegan a una línea consistente de beneficios; el suyos balances rozan todavía los números rojos, teniendo en cuenta que ocho años de depresión económica hundieron sus resultados. La gran mayoría no llegaron a cuadrar sus números, prisioneros de déficits, endeudamientos, suponiendo que llegaron al crédito –algo milagroso en el pasado reciente.

Consiguientemente todavía no ha conseguido un nivel estable de sostenibilidad, a partir del cual se pueden permitir las mejoras salariales sin perjudicar la competitividad, clave, en muchas ocasiones, de su perentoria salvación, si tenemos presente que 300.000 empresas quebraron en esta adversa coyuntura, y que de 1.400.000 activas, sólo 150.000 son exportadoras, es decir, las más beneficiadas en este proceso de salida de la crisis.

La negociación salarial no será fácil, y de aquí el retraso, puesto que los sindicatos no parecen dispuestos a reconocer el en torno a la negociación por los años 2015-2016. Exigen un incremento entre el 1,3 y el 1,5% por 2015 y una prestación del 2% por el 2016. En ambas perspectivas –y sin estimar la brutal carga añadida del paro- estarían por encima de la media del incremento salarial de la UE, del 1,3%. Parece que el acuerdo se podría fijar hacia el 1%, línea roja que CEOE se resiste a atravesar por el riesgo de un precedente inadecuado a la real situación de crisis que sufren todavía las empresas españolas.

En cambio, la oferta empresarial iría alrededor del 0,7% (en caso extremo, hasta el 0,9%), pero sin derramar el 1% por el 2015. Las razones de esta contención son variadas: en primer lugar, el 80% de las empresas tienen congelados los salarios; en segundo lugar, se han parado los despidos, mientras la contratación indefinida crece considerablemente, abriéndose una perspectiva optimista para la creación de puestos de trabajo; en tercer lugar, el estancamiento de la inflación en un retroceso de -1,2/-1,3% de los precios sumaría hasta un 2% el incremento real del poder adquisitivo de los asalariados, al sumar ambos factores (el deflaccionari y el incremento porcentual); finalmente, el 90% de los contratos de las Administraciones Públicas con empresas de servicios por 2015 han sido negociados a la baja. Por lo tanto, no parece argumento a favor de una estimación a la alza de los salarios derivados de la actividad de la función pública.

Con este status quaestionis tendríamos que pronosticar una perspectiva tan positiva el 2016 que nadie, ni CEOE ni el mismo Gobierno osan pronosticar dado el todavía grande margen de error en relación a las perspectivas favorables (al sector de la construcción, se está produciendo un 2,7% de crecimiento del PIB reforzado con el nuevo dato de un 25% de los nuevos puestos de trabajo). Será, entonces, un elemento de expectativas favorables, cuando todavía arrastramos las consecuencias de la burbuja inmobiliaria, o estaríamos reiniciando el camino ya conocido y equivocado? No seré yo quien haga una afirmación ante las dudas de los expertos en cuanto a los pronósticos. Ahora bien, la actual negociación salarial señala un camino de optimismo. Seamos realistas y prudentes, sin estar al ranking de la miseria como publica Bloomberg con unos parámetros demasiado discutibles.